Desengaño



Otra vez intenté decapitar a la muñeca. No soportaba aquellos ojos frívolos, aquella mirada condenatoria, imbuida de una superioridad magnánima. Ayer casi lo consigo. La tenía entre mis colmillos cuando apareció la señora y me dió un cachetazo, el más doloroso que recibió mi hocico. No le perdonaré jamás haberme quitado el amor de Micaela. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La gran bestia Pop

Sábado