¿Querés ser una estrella? Le preguntó l a chimentera de crónica que tenía el pelo oxigenado, la mirada inexpresiva y la nariz pequeñísima, obra de algún bisturí poco talentoso. E l músico movió la cabeza afirmativamente. Al verlo sentado ahí, tan auténtico, supe que me había enamorado. Es algo que me sucede casi a diario; me apasiono con los seres y las cosas, siento un shhhhhhpaaaaaammmmpuuuuummmmmmmmm en el corazón y me quedo sosteniéndolo con la mano izquierda para que no se me escape. Allí estaba el tipo, en nuestro televisor, haciendo gala de un fuego sagrado, llama que arde y parece salirse de la pantalla que mi madre había prendido y contemplaba fastidiada ante la impudicia de quien para ella era un cínico, un adefesio, un escándalo para la moral cristiana y occidental.