Yo sé que hace mucho me preguntaste, hijo querido, por qué nunca me saco este rosario, si yo no creo en Dios, ni en la Virgen, ni en nada que se le parezca. Entonces me hice el sonso, como hago siempre que me preguntai de matemática o ciencia sociale. Te contesté que era un regalo de tu tata, que es media bruja, pero no te dije por qué ni para qué lo llevo siempre cerquita mío. Resulta que las gringa son mi debilidá, varón, pa´ qué negarlo si antes de conocer a tu vieja, cometí infinidá de locuras por ese pelo dorado. Una de esa historia pasó una noche de sábado, cuando yo era un pibe y fui al baile con un compañero de obra al que la decíamo Tula. Por ese tiempo, éramo culo y calzón con el pibe. Hacía media hora que habíamo entrado al Estadio del centro y la gente se multiplicaba como conejos. Entonces,...
Comentarios
Publicar un comentario